Setenta mil veces

Basado en los reportajes “Nakayama 1913-1987” de J. Keanu y “Kihon” de Miguel Establés de Budo International Publ. CO.

Enviado por Marcelo Venegas Sensei, 12 de agosto, 2007

En el año 1961, antes que el Judo fuera presentado como deporte de demostración en las Olimpiadas de verano en Japón, el holandés Anton Geesink ganó el Mundial de Judo en Categoría Abierta; primera vez que los japoneses perdían el título. Esta hazaña la repitió en el año 1965. Líderes del Judo y de otras artes de Japón clamaban al cielo y decidieron investigar los “secretos” del Campeón holandés. Enviaron a un periodista para que le entrevistara y conociera sus métodos de entrenamiento que había utilizado para derrotar a los japoneses. La respuesta de Geesink fue : ”los japoneses se han dedicado a entrenar y estudiar Judo para la competición, obteniendo resultados increibles, excelentes atletas y campeones. Yo, contrariamente, nunca en mi vida he entrenado para la competición. Todo lo que he hecho ha sido entrenar el Judo como un Camino de Vida, exactamente como lo enseñó el maestro Jigoro Kano (Fundador de Judo). Mientras que los japoneses diseñaban nuevas estrategias en competición, yo repetía y repetía las técnicas básicas (Kihon) y los Kata. Los he derrotado porque entrenando de esa forma he llegado a conocer el Judo mejor que ellos, ese es el secreto y eso es lo que te hace invencible”.

“La respuesta de Geesink es la afirmación mas inteligente que jamás he oido en todos mis años de Karate, y creo que nunca oiré otra igual.” – Masatoshi Nakayama – Jefe de Instructores de la Japan Karate-do Asociation (JKA).

El Kihon es sin duda muy impopular entre los jóvenes practicantes. Los actuales profesores aprendieron seguramente de la mano de un Maestro japonés que no explicaba nada, sólo se limitaba a realizar las técnicas y esperaba que los practicantes las imitaran como mejor pudieran hacerlo. Quizá por ello ha habido un rechazo generacional en este particular. Un buen número de profesores no quieren obligar a sus alumnos a pasar por el “sacrificado” y “duro” Kihon. En algunos casos pasa también por la necesidad de financiar los Dojos con alumnos que paguen y “ablandar” su proceso. Sin embargo el Kihon keiko es la base, es el fundamento mismo. Mas allá de su importancia en la formación técnica, es muy legítimo afirmar que sin él no hay Arte Marcial. Precisamente en esa confrontación interna con las propias limitaciones, versa el valor interior, la propia esencia del “Zen en movimiento” del Arte Marcial como vía de auto-encuentro y superación. Tratar de sustraer al alumno de esta experiencia, es el “pan para hoy y hambre para mañana” del mundo de las Artes Marciales. Es esa dura formación, en el sentido de ser implacable con nuestras propias miserias, la que ha dado el prestigio a los mas grandes maestros. El deporte no puede ni podrá nunca sustituir estos aspectos de la tradición, aspectos que hacen del alumno un discípulo y del profesor un Maestro.

Es muy posible encontrar sistemas de aprendizaje mucho más rápidos o mas eficaces que el Kihon, que pueden forjar campeones en dos años o dar grados con mucha rapidez; pero no se trata de llegar pronto, sino de seguir un camino que forma como personas a los practicantes, y les ponga a su alcance la experiencia de la confrontación consigo mismo, con sus limitaciones y sus defectos. La solidez en los caracteres no se improvisa; tampoco la contundencia en la técnica, ambos son resultado de repetir SETENTA MIL VECES cada técnica.

“Los álamos crecen muy rápidamente pero la tormenta los rompe con suma frecuencia; las encinas crecen lentas pero su madera es compacta y maciza”.